critica de periodico

Pinturas de Rafael Calón Ibercaja castillo Montearagon

El artista oscense expone “Camino”, donde muestra los notables argumentos plásticos que atesora.

Por J. L. Ara Oliván

Huesca. – En este mes de enero se puede contemplar en el espacio Ibercaja Castillo Montearagón la exposición que presenta el artista oscense Rafael Calón. Se trata de una serie de pinturas que bajo el título de “Camino” muestran los notables argumentos plásticos que atesora y su disposición para la consecución de texturas y calidades significativas.

Calón une una clara luminosidad y una viveza de color que impactan, que penetran y se fijan con hondura en la sensibilidad del espectador.

Las líneas y formas completan un cuerpo arquitectural sólido que denota un excelente sentido de la composición. La cromática concreta un juego esplendoroso muy destacable.

El “Camino” discurre por la plástica situada entre los conceptos más academicistas y la libertad que da la experiencia y la creatividad, la tradición y la modernidad, pintura de trazos firmes y rotundos en el dibujo y pinceladas que reflejan la expresión colorista, que colocan en diferentes planos del lienzo el armazón de toda obra hasta lograr la eclosión definitiva de la mano del color.

El artista nos muestra en estos cuadros una aparente fácil y jugosa fluidez, una frescura que nos muestra los temas como si no los hubiéramos visto nunca, con un dinamismo rico a la vez que sobrio. Son grandes lienzos en los que la pintura ha ido revelando los secretos de un color siempre vivo que abunda también en sorpresas de tonos inesperados. En sencillos contrapuntos sometidos al rigor de una composición que sabe apaciguar y ordenar mesuradamente los deslumbrantes colores.

No hay virtuosismo en los cuadros de Rafael Calón o al menos esa es la sensación que nos transmiten, pero su mundo y su fluido lenguaje, que tan bien saben comunicar, no parecen necesitarlo. El pintor sabe concitar el interés del espectador, conoce sus capacidades, el saber aprendido, su testimonio que no precisa de gramática para que sus formas penetren y emocionen.

Obras que son un sencillo clamor de lo cotidiano, que no de lo humilde, de la realidad pasada por el tamiz del artista, para mostrarnos la riqueza de los matices, del color y de la luz. Gruesas pinceladas que nos sumergen en una sensación de placidez a la vez que nos hacen vibrar por esos subidos colores que nos son más que muestras de un deseo de interpretar una música de armonías preñadas de intimismo.

Potente, expresivo y vitalista, donde todos y cada uno de los elementos que configuran el cuadro y su temática están asumidos con un concepto estructurado y arquitectónico que se acercan al sentido muralista. El protagonismo de los contenidos está tratado con el mismo vigor temperamental e idéntica reciedumbre, identificándose con la generosa materia que lo sustenta.

Sin trabas ni servidumbres, con una gran claridad de captación y creatividad, Rafael Calón penetra en la naturaleza de lo que pinta y lo traslada al cuadro absolutamente original, donde los trazos fuertes y precisos conforman la concepción espacial del color sobre cada asunto, confiriendo a la vez un acento sugestivo.

Sin duda ha conjugado una geometría de las estructuras muy simplificadas, con puntualizaciones que acentúan el contexto al que pertenecen. Una concepción de lo constructivo que no determina tanto el planteamiento de la línea como su integración cromática en el espacio en el que se ubica.